sábado, 26 de julio de 2014

AVENTURA SUBMARINA

Siempre dicen que en Porrua solo se corre o se come, esta vez vamos a innovar un poco. Esta historia comienza dos semanas atrás, después de cenar (vaya, otra vez sale la comida a relucir) nos pusimos a ver el Callejeros Viajeros, que trataba sobre destinos paradisíacos, y uno de ellos eran las islas Maldivas, donde una de las principales actividades que se pueden hacer es el buceo, o si eres menos atrevido, el snorkeling.
Tiempo atrás, habíamos barajado la opción de realizar un bautismo de buceo, pero por ciertos temores, nunca llegamos a decidirnos. Y ha sido ahora, unos pocos años más tarde, cuando nos ha vuelto a picar el gusanillo, y hemos fijado una fecha para realizar la actividad. Si nada nos lo impide, el 23 de Agosto.
Dicha actividad tiene una duración total de 3 horas, durante las cuales te imparten un pequeño curso sobre el funcionamiento de la bombona, seguridad en la inmersión y otros detalles. Y cómo no, la propia inmersión, de unos 40 minutos de duración aproximadamente. Se sale desde Pedreña, y te sumerges en la isla de Mouro.
Cualquiera de vosotros, acérrimos lectores, está invitado a venir (no en el sentido literal, la inscripción son 60€). De momento ya somos 4.

Si Jaques Cousteau levantara la cabeza...
Pero como la fecha elegida aún está lejos, el ansia me puede, así que he decidido sacar a la palestra unas aletas que me regalasteis por un cumpleaños hará 5 ó 6 años y que aún estaban por estrenar. Mis gafas de bucear míticas, que tendrán la friolera de 15 años y siguen aguantando y una cámara de video con carcasa submarina que compré con cupones de un periódico.
Sólo me faltaba el tubo, que he comprado por 10€ en el Decathlon, y con todo ese equipo nos hemos plantado en la playa de San Juan de la Canal dispuestos a ver el fondo marino.

Ni que decir tiene que la experiencia ha sido todo un éxito y que en general ha gustado. La única que no se ha atrevido ha sido Carlota, que le ha entrado el canguis y se ha quedado en la toalla para ponerse morena, o eso dice, porque debe tener parentesco muy cercano con Iniesta.


Aquí os dejo una pequeña muestra de nuestra aventura de hoy.


Rodaballo, discos o mules carajoneros?

Desconfiad si os invito en casa a cenar pescado


GASTROENTRADA: SARTENES Y COLORES

Hoy os voy a hablar de un discreto restaurante, situado en la calle Ercilla, frente al paraninfo. No es que haga unos platos exquisitos, ni sea de alta cocina, pero tiene un punto a su favor que le hace grande, y es que, salvo que seas raro, pero raro raro, su comida gusta a todo el mundo.
Todo comenzó hace un par de semanas, cuando nos reunimos para ir a ver un monólogo de Santi Millán, que dicho sea de paso, es un cardo, y de los borriqueros, y además su acompañante tenía más gracia que él.
Los días previos habíamos acordado que después del show podíamos ir a cenar, y escogimos este por su sencillez, precio ajustado y porque a todos nos parecía bien.
Hacía tiempo que no iba, concretamente desde el 6 de diciembre, pues llevé allí a la familia a celebrar el cumpleaños.
A la hora de la cena hay 2 turnos de reserva, y por el horario del show escogimos el segundo, a las 11 de la noche, aunque finalmente pudimos entrar un poco antes, menos mal, pues las masas estaban hambrientas, y corría más peligro que Rick en The Walking Dead.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, planteé la opción de compartir, pues las sartenes son bastante generosas, y con una para cada dos, hay más que de sobra. Pero no se si lo hicieron para llevarme la contraria o qué, al final se compartieron unas croquetas, y cada uno escogió su propia sartén.

Croquetas para todos
No he comentado en qué consisten, pero son los huevos rotos de toda la vida, un par de huevos fritos, muchas patatas fritas, y en función del color que escojas, un condimento principal, de ahí que suela gustar a todos.
Marta y yo nos decidimos por una clásica, la que nunca falla, la Roja. No, no estoy hablando de la selección, hablo de la que lleva jijas, muy ricas, con buen sabor, aunque como podéis imaginar, no muy saludables…

Yo soy fiel a la Roja!!!
Quique se pidió una negra, no, no penséis mal. Ya sea en croqueta, para pincho o en sartén, muy fiel a sus principios culinarios, escogió la que llevaba morcilla.

Chocolat morcilla?
También se pidieron un par de sartenes grises, con gulas, que a mi no me llaman nada, pero se comentaba por la mesa que estaban muy bien.

Quizá a la próxima
Para los que opten por una opción más vegetariana, se puede pedir la verde, con pimientos. Aunque para eso, yo prefiero una ensalada, pero es cuestión de gustos.

Verde que te quiero verde
Como podéis comprobar por las fotos, el tamaño de las raciones es bastante grande y de aspecto muy apetitoso. No puedo dejar de comentar el precio, que ha subido desde los comienzos, aunque a mi me sigue pareciendo barato, en función del color que escojas rondan los 7 u 8€.


Si os gusta este tipo de comida no dudéis en pasar por allí, seguro que repetiréis. 

domingo, 20 de julio de 2014

TRAIL HERRADURA DE CAMPOO

En 1934 Jesús Díez Rábago y Emilio García Díez tuvieron la idea de salir a controlar las lindes en el valle de Campoo por el terreno que hoy conocemos como la Herradura de Campoo, y cuya principal característica es el ascenso a 10 picos por encima de los 2.000 metros de altitud.
Ahora, 80 años más tarde y a modo de homenaje, se ha celebrado el primer Trail Herradura de Campoo, con varias modalidades, por etapas, 32 km., y ultra de 55 km., modalidad esta última en la que he tenido ocasión de participar.
Poco más de 100 personas nos dábamos cita a las 6 de la mañana en el Campo de las Nieves, en el pequeño pueblo de Celada de los Calderones para tomar la salida. Yo estaba allí, acompañado de img, con los frontales encendidos y los chips activados en el control, preparados para la gesta.
Arrancaba la prueba con un ritmo ligero, dejando atrás las pistas de Celada, y atravesando los pueblos de Naveda, Serna y Soto por senderos. Tras este último pueblo comenzaba una ligera ascensión por camino de tierra, donde perdí el chip al guardar el frontal, pues ya se había hecho de día. Me di cuenta unos 300 metros más adelante, y tenía que desandar mis pasos para tratar de buscarlo sin fortuna.
De mal humor retomo la ascensión, acompañado de 2 personas que habían acudido a la quedada de reconocimiento unas semanas atrás.
Hacia el kilómetro 8 aproximadamente llegamos al primer avituallamiento, en el alto de Palombera, donde comento la incidencia y me dicen que lo tiene la organización, y que lo ha llevado en la moto al primer control.
Con energías renovadas tras la buena noticia me pongo en marcha pletórico, momento que aprovecho para tomar unas fotos entre la niebla y con el precioso amanecer.

Amanecer entre la niebla
Pero se ha acabado la parte fácil de la carrera, hay que seguir el estacado, para ascender al pico Liguardi, un poco por debajo de los 2.000 metros. y volver a descender por campo de hierba para afrontar un escollo muy duro, el Cordel, donde recupero mi chip que ato en la muñeca, y desciendo por los lanchales de piedras con precaución.

Bancos de niebla al fondo
A estas alturas el desnivel positivo superado es de la mitad, y lo acuso con una ligera molestia en la rodilla derecha.
A partir de aquí viene una sucesión de picos, en un constante sube y baja que me pasa factura. Pico Iján, Peña Cuencaguen y Cueto de la Horcada, punto donde descendimos en el reconocimiento, pero que el día de la carrera había que continuar recto. Afortunadamente habían apuntalado una cuerda a modo de línea de vida, pues se trata de un punto bastante delicado. El camino entre piedras se vuelve peligroso y hay que estar muy atento.

Selfie, o autofoto de toda la vida
Al poco me encuentro con otro de los puntos clave, del que ya había oído hablar, el Paso de la Muerte, encordado durante todo el año, por el extremo peligro que conlleva. Agarrado a la cuerda y con mucha precaución, dejas el abismo a tu derecha para ascender un duro camino de rocas que da paso al Bóveda.
La molestia ha incrementado, y ya casi no puedo correr en las bajadas debido al dolor. Tras avanzar durante unos 500 metros me encuentro a Alberto, quien me indica por donde debo continuar. Se trata de una zona un poco mal señalizada (a mi gusto como toda la carrera) y afronto la subida al Cornón, tras la bajada llego el tercer avituallamiento, en la fuente del Chivo. Ahí me insta a comer, pues aunque en estas lides el estómago se cierra, es necesario meter alimento para aguantar y evitar los calambres.
Son las 11 de la mañana aproximadamente y aprovecho para llamar a Marta (que no se había despertado todavía). Tras el merecido descanso continuo el ascenso, con el Pico Tres Mares al frente.
En el Tres Mares no llegamos a la cima, y tras un giro a la izquierda, cambiando el sentido de la carrera hasta el momento, se pierde un poco de altura. El descenso es bastante pronunciado, pero apenas puedo correr en la bajada y me lo tengo que tomar con calma. A estas horas del día, el sol comienza a calentar.
En este punto voy totalmente en solitario, no veo a nadie por delante, pero preocupantemente tampoco veo a nadie por detrás. Se que no voy en última posición, pero no me debe faltar mucho.
Un nuevo ascenso, bastante técnico y en mi opinión, nuevamente peligroso, para dar cuenta de El Castro, Cuchillón y Cotomañinos. A partir de aquí aligero el ritmo todo lo que mis piernas me permiten, pero llega un punto clave en la prueba. Los kilómetros pesan, y tras 7 horas y media y apenas 37 kilómetros el GPS no responde. En el último avituallamiento me comentan que solo me queda el Sestil, un duro ascenso, tras el cual se abandona la cota de los 2.000 metros. A partir de aquí todo bajada. Se que el avituallamiento de los 40 kilómetros está cerca, y aprovecho para llamar nuevamente a Marta, quien en vez de animarme me insta a abandonar. ¿Dónde estás? Que subo a recogerte! Pero salvo catástrofe, esa palabra no está en mi vocabulario, decido continuar tras abandonar el avituallamiento. Isotónico, gel, chocolate y plátano.
Estoy en la parte final, una zona llana, en la que puedo correr todo lo que me permite el cansancio, y hacia el kilómetro 42 el GPS vuelve a la vida, lo que me permite controlar las referencias. A partir del 45 comienza una larga bajada, que he andar, y donde me adelantan más de 10 personas.

Bajando hacia la meta
El recorrido bordea la meta, y se distinguen los altavoces con la música y el speaker de la meta, pero aún me queda un largo trecho, que completo aproximadamente en una hora.
Finalmente, consigo cruzar la línea de meta tras 10 horas y cuarto.

Ni Forrest Gump...

domingo, 6 de julio de 2014

GASTROENTRADA: MARCELLO

El pasado sábado se jugaba el mundial, Brasil pasaba milagrosamente ante Chile en la tanda de penaltis, y más tarde Colombia se deshacía brillantemente de Uruguay. Pero yo no estaba ahí para verlo, bajaba al Marcello para cenar, restaurante entre mi top 10. Si me preguntas por un sitio para ir a comer o cenar, probablemente te diga éste, aunque no sea mi favorito, pero tiene algo que le hace especial.
Teníamos reserva para las 22:30 y nos anticipamos un cuarto de hora, lo que nos vino bien para escoger la mejor de entre las dos mesas que aún estaban libres.
Pedimos como entrante una ensalada de ventresca y pimiento rojo para compartir, de un tamaño bastante generoso, con buen sabor, por la ventresca de calidad y un aliño adecuado. Aunque los ojos me hicieron chiribitas al ver la que pidieron en la mesa de al lado, con foie y jamón. La número 1 de la carta, me la anoto para mi próxima visita.

Está tan buena como aparenta
A continuación cada uno pidió un segundo, también para compartir. La elección de la M fueron unos espaguetis al pesto. Los espaguetis al dente, en el punto de cocción exacto, y un pesto muy suave que hará las delicias de cualquiera que se acerque a probarlo. El mejor que he tomado allá donde he ido.

El mejor pesto 
Después vino mi segundo, una pizza 4 quesos, también de un tamaño considerable, con la mezcla perfecta en las proporciones, para que no se cargue en exceso de queso verde y se pueda disfrutar del sabor del resto. Una delicia para el paladar.

En un italiano, la pizza que no falte
Como colofón, un tiramisú de porción generosa, pero muy suave, que me tomé en solitario, pues andábamos ya con el estómago bastante lleno.
Y aunque en esta ocasión no lo pedimos, hay que hacer mención del pastel templado con bolita de helado, que también esta muy bueno.

Para los más golosos, un buen postre
 Varios son los aspectos que me hacen elegir este restaurante, en primer lugar, su céntrica ubicación en la calle Floranes hace que no de pereza acercarse, pues está bien cerca de casa.
La gestión del espacio, no tiene muchas mesas, y aunque esté prácticamente lleno, éstas están tan bien distribuidas que apenas se nota ruido o bullicio como en otros lugares.
La atención al cliente, con unos camareros atentos y muy amables.
Y cómo no, la exquisitez de los platos que preparan, todavía no probé algo en este sitio que dijera que no me gustara.
Eso si, si tuviera que ponerle una pega, sería la invariabilidad de la carta, desde que frecuento el restaurante, la carta es siempre la misma. Y creo yo que podrían atreverse a innovar un poco con la calidad de la cocina que se desprende en este sitio.

En definitiva, un restaurante totalmente recomendable, tanto para una comida con amigos o familiares, como para una cena romántica.

domingo, 22 de junio de 2014

LA BARBACOA

Este domingo íbamos a la casa del monte en Ucieda (véanse entradas anteriores como La Ruta de los Puentes o Los 10.000 del Soplao) para llevar a cabo una barbacoa, con motivo del 33 cumpleaños de nuestra amiga Carlota.
Era nuestro tercer intento del año, las previsiones metereológicas no eran de lo más halagüeñas, pero allí aparecimos a eso de las 13 horas con la intención de darnos una buena comilona.
Los anfitriones habían llegado con tempranera, escogiendo el mejor lugar, que nos ofrecía el calor del solecito pero acompañado de una buena sombra. A nuestra llegada prácticamente todas las viandas estaban desplegadas, solo faltaba comenzar la recolección de leña por el bosque. Expedición dirigida por nuestro gran Chef Flipi y su segundo de abordo Isma, de la cual tras cuarto de hora aproximadamente se volvía a la base, y alguno no había recogido ni siquiera un triste palo.

Lo mismo me hago una caldereta que una maratón
Había hambre, así que mientras se iba preparando el fuego dábamos cuenta de cacahuetes, patatas fritas y aceitunas. Como se suele decir, Todo lo bueno se hace esperar, y por fin llegaron las primeras costillas, que dicho sea de paso, estaban estupendas.

A la brasa siempre mejor
 Pero la leña se apagaba, así que tuvimos que ir a la gasolinera para coger un poco de carbón. Lo bueno es que al volver las brasas se habían reactivado y ya estaban hechos los pinchos morunos, muy sabrosos y bien cocinados, que daban pie en mi opinión a lo más rico de la tarde, unos chorizos criollos que hicieron las delicias de los presentes, incluso del pequeño Yoda, que relamía las hojas de hierba por donde chorreaba la grasaza.
Posteriormente llegaba el momento bluff, brochetas de verdura... Si la verdura no se caza! Verdura y barbacoa es un oxímoron en toda regla, como si dijera que mientras comía el chorizo criollo vivía un instante eterno.
Después vino un clásico que no puede faltar en toda parrillada que se precie, una buena hamburguesa. Y para rematar, una brocheta de maíz.
Pero eso no era todo, una tarta de 3 chocolates, con tres velas encendidas, para que la homenajeada pudiera pedir un deseo y soplar cerraba nuestra comilona. Tarta exquisita, no por que la hubiera hecho yo, sino, porque es digna de mención. Hasta la más pequeña de nuestro grupo, Silvia, podría dar fe de ello si pudiera hablar.
Al rato nos fuimos al bar de la campa a tomar café y helado y poner fin a una magnifica jornada.

Ya estoy preparado!

sábado, 14 de junio de 2014

MARATON LOS 10.000 DEL SOPLAO

Recuerdo cuando comenzaba en esto del running, hará unos 3 años, apenas llegaba a hacer 5 kilómetros con gran esfuerzo, poco a poco fui ganando resistencia e incrementando la distancia, hasta que llegué a completar una media maratón. Por aquel entonces no sabía si sería capaz, pero Eduardo y Fernando, mis referentes en aquella época  me aseguraban que si.
Hace poco más de un año, un compañero del trabajo me hablaba de las carreras de montaña, o trail running para los sajones, y desde entonces no volví a pisar el asfalto. Daba un paso más, haciendo tiradas de hasta 32 kilómetros. Con esas cifras llegaba realmente reventado a meta, e ir más allá o incluso plantearme una maratón sonaba a locura, algo imposible.
Pero no hay nada imposible, lo imposible es tan solo una mentira que está esperando a ser liberada por la verdad. Y os preguntaréis, a qué viene todo esto?

Era un viernes, 23 de mayo de 2.014 y me acercaba a Cabezón de la Sal a recoger mi dorsal para la maratón de los 10.000 del Soplao. El ambiente es tremendo, un montón de gente se agolpa en la feria, ojeando los stands y recogiendo sus dorsales. El mío es estupendo, un número bajo, y con texto personalizado, podría pasar perfectamente por un pro que esta invitado a la carrera.

Who am I? I'm a champion!
Llega el gran día, me levanto a las 6:30 para desayunar. Llamo a David, pero se cae de la lista, el mal tiempo le echa para atrás. Aparco en Cabezón sobre las 7:15 junto a Alberto, a unos 3 kilómetros de la salida, que hacemos a trote para calentar un poco. Llegamos a la zona de salida, me meto a un portal para llamar a Marta y le digo que todo esta bien. Los nervios van in crescendo,  y salen las bicis. Nos toca esperar 15 minutos hasta que todos están en ruta.
AC/DC esta sonando, y por fin nos atruena la traca que da comienzo a la maratón. Nos apretamos las manos y nos deseamos suerte.
Alberto sale rápido, y yo voy a mi ritmo, le veo alejarse, pero no quiero cometer el error de forzar al principio, la carrera es larga y hay que dosificar. Los primeros compases discurren por las calles de Cabezón, repletas de gente en ambas aceras. Pronto entramos en la nacional, hasta llegar al asador Foramontanos, que dejamos a nuestra izquierda para subir un durísimo repecho. Toca andar, pero sin bajar el ritmo, paso a paso voy adelantando gente. Así hasta llegar a la antena, donde se crestea durante un buen rato, en fila india, lo que me permite seguir en pelotón sin cansarme demasiado.

¿Quién dijo miedo?
En el kilómetro 5 aproximadamente se agolpa la gente, uno de los momentos espectaculares de la carrera, el temido cortafuegos, estoy arriba y oigo gritos ¡Asistencia, asistencia! Joder, debe estar complicado, pero tras los primeros pasos compruebo el grip de mis Salomon, la tierra agarra, así que le echo huevos y bajo decidido. La mayoría de la gente está tratando de bajar pisando hierba, pero yo voy por el centro de la pista, que está prácticamente libre, lo que me permite adelantar posiciones. Son 800 metros brutales.
Una vez abajo bebo de mi Powerade y llamo a Marta. “Si, si, ya estoy abajo, ningún problema”. Antes de ponerme a correr me detengo un instante y echo la vista hacia atrás, la imagen es impresionante, una hilera de hormiguitas de colores es lo que veo antes de reanudar la marcha.

Una última mirada atrás...

Tras cuarto de hora llego a la nacional, se oye a la gente animar. Estoy en Ruente, cojo una lata de Aquarius sin detenerme y voy dando sorbos poco a poco. Cruzo la fuentona y atravieso el puente, la gente se aglomera y los aplausos y vítores te llevan en volandas.
Es el kilómetro 11 aproximadamente, y me toca afrontar uno de los momentos más duros en el aspecto psicológico. Sé que viene una larga subida en zigzag, que me quedan 36 kilómetros para llegar y que la parte que conozco está llegando a su fin.
Al poco me encuentro con un compañero de la universidad, haciendo el recorrido inverso en bici, un poco de ánimo y a seguir hacia delante. Una cara conocida, algo es algo, pues fue la única que vi, incluso al llegar a meta.

Llego a la casa del monte de Ucieda, el kilómetro 18, y aprovecho para recargar el bidón, tomar unas naranjas y una barrita energética. A partir de ahora terreno desconocido. Atravieso la campa y hay un desvío a la derecha, una ligera ascensión que da paso a parte del recorrido de la Ruta de los Puentes (que podéis encontrar en una entrada anterior). Se trata de una zona estrecha y bastante rápida, con un sendero que hay que atravesar en fila india. Me engancho a un grupo y voy a buen ritmo, pero el terreno cambia, y el barro hace acto de presencia, lo que ralentiza al grupeto en exceso. No hay tiempo que perder, salgo de la trazada para adelantar y continuo mi camino.

Al poco atravieso una zona de bosque, tras la que se encuentra una tachuela muy dura, son unos 300 metros de desnivel muy pronunciados, el pelotón asciende por donde puede. La gente va justa de fuerzas y se comienza a comentar el ascenso al Toral. De momento voy bien y puedo adelantar bastantes posiciones. Una vez finalizado el ascenso se pasa por otra zona de bosque, y al salir, se ve a lo lejos el Toral, un coloso descomunal. Discurre el kilómetro 29 y aprovecho para tomarme un gel energético.

Recorro la distancia que me separa del Toral a un ritmo relajado, hay que reservar fuerzas para el ascenso y la parte final. A medida que gano metros el gigante cobra fuerza, hasta que llego a sus pies. Encorvo la espalda y echo las manos a los muslos para subir a un ritmo lento pero constante, la pendiente es muy dura. Al rato alcanzo un falso llano que parecía la cumbre, pero es tan solo una ilusión en mitad del camino. Aprieto los dientes y continuo mi ascenso. Ya se oyen los gritos de ánimo en la cima, un último esfuerzo y estoy arriba. Me permito la licencia de andar un par de minutos para reposar, pero no conviene acomodarse, así que reanudo la carrera por el verde.

 Al cabo de un par de kilómetros comienzo a sentir ligeros latigazos en los gemelos, los temidos calambres. Me veo obligado a andar durante 500 metros, durante los cuales aprovecho para tomarme mi último gel energético. Es el kilómetro 35, se puede hacer muy larga la parte final. Por fin me decido a correr de nuevo, a un ritmo lento y dubitativo, parece que las piernas responden y puedo seguir tranquilo.  Al poco llego al último punto de avituallamiento, donde aprovecho para deshacerme de los desperdicios, y reponer el bidón.

Prosigo la marcha y coincido con un corredor de la ultra, el público le comenta que va duodécimo, constantemente pregunta cuánto le queda para llegar. Está desquiciado porque unos le dicen que 7, otros que 8 ó incluso más. Lleva recorridos más de 100 kilómetros y en cuanto comienza la bajada me deja atrás. Yo tengo dolores en los cuádriceps y tengo que bajar el ritmo. El descenso a Mazcuerras se vuelve infernal, unos 400 metros que suponen un suplicio debido al dolor, durante esta parte me adelanta bastante gente. Pero todo tiene un fin, y ese pequeño trecho deja paso a un camino de asfalto que atraviesa un parque. Se comienza a ver más gente, y ya se intuye el final de la prueba, unos 4 kilómetros aproximadamente, que recorro muy justo de fuerzas.

Perfil de la prueba
 Tras 6 horas, 34 minutos y 13 segundos cruzo la línea de meta, el ambiente en Cabezón es espectacular y la satisfacción me embarga. Todas las dudas se han disipado, puedo dar este reto por concluido, y con buena nota. Pero no hay que dejarse llevar por la emoción del momento, es tiempo de reflexionar para evaluar el abanico de posibilidades y estudiar qué nuevo reto afrontar.

Mirando el reloj, y no sé ni dónde aparqué el coche...
 Esta crónica se puede dar por finalizada pero permaneced atentos ya que próximamente publicaremos una nueva crónica desde el punto de vista de un top 25.





sábado, 7 de junio de 2014

DONDE ESTA EL LÍMITE?


Llegaba ayer a Madrid, a eso de las 20:30 horas cuando me enteraba a través de Eduardo que Josef Ajram estaría el sábado a las 7 de la mañana en el parque del Retiro para una quedada improvisada, anuncio que había publicado en su cuenta de Twitter. 

Total, que como a esa hora no tenía nada que hacer decidí irme pronto a dormir para madrugar.
En principio iba a ser un fin de semana de rancho relaxo, así que no traía mi ropa para correr, y he tenido que ir de prestado.
A las 6:30 sonaba el despertador y me cruzaba todo el parque hasta la puerta de Alcalá. Y ahí esta ahí está viendo pasar el tiempo, Josef Ajram!
No habrá ni 10 personas, me acerco a él, nos saludamos y apretón de manos, y emulando a Mozito (de un príncipe para Laura) le pido una foto.

Esperamos un poco a que se una más gente, y aprovecho el momento para preguntarle. ¿Cómo sabes cuándo estas preparado para una ultra?
Me dice que es una pregunta difícil, realmente siempre vas a creer que no vas a estar preparado. Él se enfrentó a su primer ultra en Marathon des Sables, después de 3 etapas de 50 kilómetros, y en la cuarta jornada tocaban 84 km, todo ello con 9 kilos a la espalda. Y además de la preparación física, hay que estar mentalmente dispuesto a sufrir.
Me pregunta por mis objetivos, herradura, transvulcania, después de haber hecho un maratón de 47. Muy bien, hay que ir poco a poco. Seguro que lo consigues.
Salimos a correr, 2 vueltas de 5 kilómetros a ritmo "tranquilo". Los relojes de la gente marcan 4:20 y yo ya no estoy para esas velocidades.
Acabamos y nos da las gracias a las menos de 20 personas que estamos allí. Vuelvo a casa al trote, muy satisfecho.
Ya sabemos que es todo imagen, un vende motos y todo lo que queráis, pero a mi me ha convencido.
Yo todavía no se dónde está el límite, y vosotros, sabéis donde está el vuestro?