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domingo, 20 de julio de 2014

TRAIL HERRADURA DE CAMPOO

En 1934 Jesús Díez Rábago y Emilio García Díez tuvieron la idea de salir a controlar las lindes en el valle de Campoo por el terreno que hoy conocemos como la Herradura de Campoo, y cuya principal característica es el ascenso a 10 picos por encima de los 2.000 metros de altitud.
Ahora, 80 años más tarde y a modo de homenaje, se ha celebrado el primer Trail Herradura de Campoo, con varias modalidades, por etapas, 32 km., y ultra de 55 km., modalidad esta última en la que he tenido ocasión de participar.
Poco más de 100 personas nos dábamos cita a las 6 de la mañana en el Campo de las Nieves, en el pequeño pueblo de Celada de los Calderones para tomar la salida. Yo estaba allí, acompañado de img, con los frontales encendidos y los chips activados en el control, preparados para la gesta.
Arrancaba la prueba con un ritmo ligero, dejando atrás las pistas de Celada, y atravesando los pueblos de Naveda, Serna y Soto por senderos. Tras este último pueblo comenzaba una ligera ascensión por camino de tierra, donde perdí el chip al guardar el frontal, pues ya se había hecho de día. Me di cuenta unos 300 metros más adelante, y tenía que desandar mis pasos para tratar de buscarlo sin fortuna.
De mal humor retomo la ascensión, acompañado de 2 personas que habían acudido a la quedada de reconocimiento unas semanas atrás.
Hacia el kilómetro 8 aproximadamente llegamos al primer avituallamiento, en el alto de Palombera, donde comento la incidencia y me dicen que lo tiene la organización, y que lo ha llevado en la moto al primer control.
Con energías renovadas tras la buena noticia me pongo en marcha pletórico, momento que aprovecho para tomar unas fotos entre la niebla y con el precioso amanecer.

Amanecer entre la niebla
Pero se ha acabado la parte fácil de la carrera, hay que seguir el estacado, para ascender al pico Liguardi, un poco por debajo de los 2.000 metros. y volver a descender por campo de hierba para afrontar un escollo muy duro, el Cordel, donde recupero mi chip que ato en la muñeca, y desciendo por los lanchales de piedras con precaución.

Bancos de niebla al fondo
A estas alturas el desnivel positivo superado es de la mitad, y lo acuso con una ligera molestia en la rodilla derecha.
A partir de aquí viene una sucesión de picos, en un constante sube y baja que me pasa factura. Pico Iján, Peña Cuencaguen y Cueto de la Horcada, punto donde descendimos en el reconocimiento, pero que el día de la carrera había que continuar recto. Afortunadamente habían apuntalado una cuerda a modo de línea de vida, pues se trata de un punto bastante delicado. El camino entre piedras se vuelve peligroso y hay que estar muy atento.

Selfie, o autofoto de toda la vida
Al poco me encuentro con otro de los puntos clave, del que ya había oído hablar, el Paso de la Muerte, encordado durante todo el año, por el extremo peligro que conlleva. Agarrado a la cuerda y con mucha precaución, dejas el abismo a tu derecha para ascender un duro camino de rocas que da paso al Bóveda.
La molestia ha incrementado, y ya casi no puedo correr en las bajadas debido al dolor. Tras avanzar durante unos 500 metros me encuentro a Alberto, quien me indica por donde debo continuar. Se trata de una zona un poco mal señalizada (a mi gusto como toda la carrera) y afronto la subida al Cornón, tras la bajada llego el tercer avituallamiento, en la fuente del Chivo. Ahí me insta a comer, pues aunque en estas lides el estómago se cierra, es necesario meter alimento para aguantar y evitar los calambres.
Son las 11 de la mañana aproximadamente y aprovecho para llamar a Marta (que no se había despertado todavía). Tras el merecido descanso continuo el ascenso, con el Pico Tres Mares al frente.
En el Tres Mares no llegamos a la cima, y tras un giro a la izquierda, cambiando el sentido de la carrera hasta el momento, se pierde un poco de altura. El descenso es bastante pronunciado, pero apenas puedo correr en la bajada y me lo tengo que tomar con calma. A estas horas del día, el sol comienza a calentar.
En este punto voy totalmente en solitario, no veo a nadie por delante, pero preocupantemente tampoco veo a nadie por detrás. Se que no voy en última posición, pero no me debe faltar mucho.
Un nuevo ascenso, bastante técnico y en mi opinión, nuevamente peligroso, para dar cuenta de El Castro, Cuchillón y Cotomañinos. A partir de aquí aligero el ritmo todo lo que mis piernas me permiten, pero llega un punto clave en la prueba. Los kilómetros pesan, y tras 7 horas y media y apenas 37 kilómetros el GPS no responde. En el último avituallamiento me comentan que solo me queda el Sestil, un duro ascenso, tras el cual se abandona la cota de los 2.000 metros. A partir de aquí todo bajada. Se que el avituallamiento de los 40 kilómetros está cerca, y aprovecho para llamar nuevamente a Marta, quien en vez de animarme me insta a abandonar. ¿Dónde estás? Que subo a recogerte! Pero salvo catástrofe, esa palabra no está en mi vocabulario, decido continuar tras abandonar el avituallamiento. Isotónico, gel, chocolate y plátano.
Estoy en la parte final, una zona llana, en la que puedo correr todo lo que me permite el cansancio, y hacia el kilómetro 42 el GPS vuelve a la vida, lo que me permite controlar las referencias. A partir del 45 comienza una larga bajada, que he andar, y donde me adelantan más de 10 personas.

Bajando hacia la meta
El recorrido bordea la meta, y se distinguen los altavoces con la música y el speaker de la meta, pero aún me queda un largo trecho, que completo aproximadamente en una hora.
Finalmente, consigo cruzar la línea de meta tras 10 horas y cuarto.

Ni Forrest Gump...

sábado, 14 de junio de 2014

MARATON LOS 10.000 DEL SOPLAO

Recuerdo cuando comenzaba en esto del running, hará unos 3 años, apenas llegaba a hacer 5 kilómetros con gran esfuerzo, poco a poco fui ganando resistencia e incrementando la distancia, hasta que llegué a completar una media maratón. Por aquel entonces no sabía si sería capaz, pero Eduardo y Fernando, mis referentes en aquella época  me aseguraban que si.
Hace poco más de un año, un compañero del trabajo me hablaba de las carreras de montaña, o trail running para los sajones, y desde entonces no volví a pisar el asfalto. Daba un paso más, haciendo tiradas de hasta 32 kilómetros. Con esas cifras llegaba realmente reventado a meta, e ir más allá o incluso plantearme una maratón sonaba a locura, algo imposible.
Pero no hay nada imposible, lo imposible es tan solo una mentira que está esperando a ser liberada por la verdad. Y os preguntaréis, a qué viene todo esto?

Era un viernes, 23 de mayo de 2.014 y me acercaba a Cabezón de la Sal a recoger mi dorsal para la maratón de los 10.000 del Soplao. El ambiente es tremendo, un montón de gente se agolpa en la feria, ojeando los stands y recogiendo sus dorsales. El mío es estupendo, un número bajo, y con texto personalizado, podría pasar perfectamente por un pro que esta invitado a la carrera.

Who am I? I'm a champion!
Llega el gran día, me levanto a las 6:30 para desayunar. Llamo a David, pero se cae de la lista, el mal tiempo le echa para atrás. Aparco en Cabezón sobre las 7:15 junto a Alberto, a unos 3 kilómetros de la salida, que hacemos a trote para calentar un poco. Llegamos a la zona de salida, me meto a un portal para llamar a Marta y le digo que todo esta bien. Los nervios van in crescendo,  y salen las bicis. Nos toca esperar 15 minutos hasta que todos están en ruta.
AC/DC esta sonando, y por fin nos atruena la traca que da comienzo a la maratón. Nos apretamos las manos y nos deseamos suerte.
Alberto sale rápido, y yo voy a mi ritmo, le veo alejarse, pero no quiero cometer el error de forzar al principio, la carrera es larga y hay que dosificar. Los primeros compases discurren por las calles de Cabezón, repletas de gente en ambas aceras. Pronto entramos en la nacional, hasta llegar al asador Foramontanos, que dejamos a nuestra izquierda para subir un durísimo repecho. Toca andar, pero sin bajar el ritmo, paso a paso voy adelantando gente. Así hasta llegar a la antena, donde se crestea durante un buen rato, en fila india, lo que me permite seguir en pelotón sin cansarme demasiado.

¿Quién dijo miedo?
En el kilómetro 5 aproximadamente se agolpa la gente, uno de los momentos espectaculares de la carrera, el temido cortafuegos, estoy arriba y oigo gritos ¡Asistencia, asistencia! Joder, debe estar complicado, pero tras los primeros pasos compruebo el grip de mis Salomon, la tierra agarra, así que le echo huevos y bajo decidido. La mayoría de la gente está tratando de bajar pisando hierba, pero yo voy por el centro de la pista, que está prácticamente libre, lo que me permite adelantar posiciones. Son 800 metros brutales.
Una vez abajo bebo de mi Powerade y llamo a Marta. “Si, si, ya estoy abajo, ningún problema”. Antes de ponerme a correr me detengo un instante y echo la vista hacia atrás, la imagen es impresionante, una hilera de hormiguitas de colores es lo que veo antes de reanudar la marcha.

Una última mirada atrás...

Tras cuarto de hora llego a la nacional, se oye a la gente animar. Estoy en Ruente, cojo una lata de Aquarius sin detenerme y voy dando sorbos poco a poco. Cruzo la fuentona y atravieso el puente, la gente se aglomera y los aplausos y vítores te llevan en volandas.
Es el kilómetro 11 aproximadamente, y me toca afrontar uno de los momentos más duros en el aspecto psicológico. Sé que viene una larga subida en zigzag, que me quedan 36 kilómetros para llegar y que la parte que conozco está llegando a su fin.
Al poco me encuentro con un compañero de la universidad, haciendo el recorrido inverso en bici, un poco de ánimo y a seguir hacia delante. Una cara conocida, algo es algo, pues fue la única que vi, incluso al llegar a meta.

Llego a la casa del monte de Ucieda, el kilómetro 18, y aprovecho para recargar el bidón, tomar unas naranjas y una barrita energética. A partir de ahora terreno desconocido. Atravieso la campa y hay un desvío a la derecha, una ligera ascensión que da paso a parte del recorrido de la Ruta de los Puentes (que podéis encontrar en una entrada anterior). Se trata de una zona estrecha y bastante rápida, con un sendero que hay que atravesar en fila india. Me engancho a un grupo y voy a buen ritmo, pero el terreno cambia, y el barro hace acto de presencia, lo que ralentiza al grupeto en exceso. No hay tiempo que perder, salgo de la trazada para adelantar y continuo mi camino.

Al poco atravieso una zona de bosque, tras la que se encuentra una tachuela muy dura, son unos 300 metros de desnivel muy pronunciados, el pelotón asciende por donde puede. La gente va justa de fuerzas y se comienza a comentar el ascenso al Toral. De momento voy bien y puedo adelantar bastantes posiciones. Una vez finalizado el ascenso se pasa por otra zona de bosque, y al salir, se ve a lo lejos el Toral, un coloso descomunal. Discurre el kilómetro 29 y aprovecho para tomarme un gel energético.

Recorro la distancia que me separa del Toral a un ritmo relajado, hay que reservar fuerzas para el ascenso y la parte final. A medida que gano metros el gigante cobra fuerza, hasta que llego a sus pies. Encorvo la espalda y echo las manos a los muslos para subir a un ritmo lento pero constante, la pendiente es muy dura. Al rato alcanzo un falso llano que parecía la cumbre, pero es tan solo una ilusión en mitad del camino. Aprieto los dientes y continuo mi ascenso. Ya se oyen los gritos de ánimo en la cima, un último esfuerzo y estoy arriba. Me permito la licencia de andar un par de minutos para reposar, pero no conviene acomodarse, así que reanudo la carrera por el verde.

 Al cabo de un par de kilómetros comienzo a sentir ligeros latigazos en los gemelos, los temidos calambres. Me veo obligado a andar durante 500 metros, durante los cuales aprovecho para tomarme mi último gel energético. Es el kilómetro 35, se puede hacer muy larga la parte final. Por fin me decido a correr de nuevo, a un ritmo lento y dubitativo, parece que las piernas responden y puedo seguir tranquilo.  Al poco llego al último punto de avituallamiento, donde aprovecho para deshacerme de los desperdicios, y reponer el bidón.

Prosigo la marcha y coincido con un corredor de la ultra, el público le comenta que va duodécimo, constantemente pregunta cuánto le queda para llegar. Está desquiciado porque unos le dicen que 7, otros que 8 ó incluso más. Lleva recorridos más de 100 kilómetros y en cuanto comienza la bajada me deja atrás. Yo tengo dolores en los cuádriceps y tengo que bajar el ritmo. El descenso a Mazcuerras se vuelve infernal, unos 400 metros que suponen un suplicio debido al dolor, durante esta parte me adelanta bastante gente. Pero todo tiene un fin, y ese pequeño trecho deja paso a un camino de asfalto que atraviesa un parque. Se comienza a ver más gente, y ya se intuye el final de la prueba, unos 4 kilómetros aproximadamente, que recorro muy justo de fuerzas.

Perfil de la prueba
 Tras 6 horas, 34 minutos y 13 segundos cruzo la línea de meta, el ambiente en Cabezón es espectacular y la satisfacción me embarga. Todas las dudas se han disipado, puedo dar este reto por concluido, y con buena nota. Pero no hay que dejarse llevar por la emoción del momento, es tiempo de reflexionar para evaluar el abanico de posibilidades y estudiar qué nuevo reto afrontar.

Mirando el reloj, y no sé ni dónde aparqué el coche...
 Esta crónica se puede dar por finalizada pero permaneced atentos ya que próximamente publicaremos una nueva crónica desde el punto de vista de un top 25.





lunes, 19 de mayo de 2014

TRAIL ECOPARQUE TRASMIERA

El pasado domingo tenía lugar la tercera prueba puntuable para las Trail Series Cantabria, el primer Trail Ecoparque Trasmiera que se celebraba en Isla, y como no, no podía faltar a la cita, aunque fuera en la modalidad de marcha.
Dos días antes, me había personado en Yaniro para coger las bolsas del corredor, que iban bien surtidas, camiseta técnica, braga, un par de chocolatinas, sobao, gel de frío para recuperarse de dolores musculares y/o articulares, polvos para mezclar con agua y fabricarte una bebida isotónica con carbohidratos, un vale para la comida de hermanamiento, y como no, el dorsal. Nada mal por los 15€ de la inscripción, y más aún si lo comparamos con el material que te dan en otras pruebas, más bien pobre y a un precio mayor.
Llegó el domingo, y la marcha daba comienzo a las 9 de la mañana.  Finalmente fuimos un poco apurados de tiempo, pero conseguimos aparcar sin dificultad en un prado que habían habilitado y dar comienzo entre los rezagados.
El primer kilómetro y medio discurría por asfalto, distancia que aprovechamos para acelerar el ritmo y situarnos en mitad del pelotón bajo una tímida lluvia que hacía acto de presencia. Al poco tomábamos un giro a la izquierda dejando la nacional para atravesar un dique de piedra, que dejaba los humedales a ambos lados, y atraviesa el ecoparque que da nombre a la prueba.
Posando antes de cruzar el dique
Continuamos en línea recta, caminando al margen de unos campos de labranza, abiertos exclusivamente para ese día. Hacia el kilómetro 5 cruzamos la carretera para adentrarnos en una zona de bosque, donde el barro comienza a aparecer y para hacer frente a la primera ascensión, muy ligera, tras la cual nos encontramos con el primer avituallamiento, en el kilómetro 7.
Descendemos lo subido anteriormente, y nos dan caza los primeros corredores, que bajan a un ritmo endiablado. A partir de este momento toca vigilar la retaguardia, pues el perfil no es muy exigente, y hay que apartarse para dejar paso. Hacia el kilómetro 10 nos encontramos con una de las zonas más divertidas, una buena ascensión, de unos 250 metros de desnivel, muy pronunciada y muy emboscada, que deja paso a una bajada realmente peligrosa por lo resbaladizo del terreno. Piedra y barro se funden en uno solo para hacernos caer al suelo y tener que extremar las precauciones. Es más, hay una zona especialmente peliaguda en la que un par de miembros de protección civil estaban apostados para ayudar a los más torpes (no mencionaré nombres, pero os lo podéis imaginar).
Con los cuádriceps agarrotados, hay dejarse caer pisando el césped en lo que queda de descenso y liberar los músculos. Andamos por una pista un par de kilómetros más para entrar en el casco histórico de Isla, kilómetro 14, donde se encuentra el segundo avituallamiento, en el que aprovechamos para tomar unos frutos secos, rellenar líquidos y reponer fuerzas. Dejamos la monumental iglesia a nuestra derecha y dejamos atrás esta parte del pueblo para entrar en una pista, que terminará desembocando 5 kilómetros después muy cerca de la playa, donde nos espera el tercer avituallamiento, muy bien ubicado, para afrontar la última parte del recorrido, una senda en un constante zigzag, cubierta de vegetación abundante, donde hay que salvar algún que otro obstáculo y que desemboca en los acantilados de Quejo, con unas vistas que encogen el alma.
Como Bear Grylls en la jungla...
Esta última parte es un sube y baja, que a estas alturas hace que te pesen las piernas, pero la belleza del paisaje te impulsa a seguir adelante, no mirar atrás y dejarte el último aliento de esfuerzo en llegar a la meta. Meta que atravesamos tras casi 5 horas de caminata, donde paramos a tomar algo de líquido y un poco de fruta.
Acantilados de película
Tuvimos que esperar aproximadamente media hora para la entrega de premios, tras la cual tenía lugar la comida de hermanamiento, donde pudimos dar cuenta de una ensalada de pasta, y dos bocadillos de panceta y chorizo recién braseados, de un tamaño bastante generoso, con bebida incluida (a elegir entre refresco, agua y cerveza).
En definitiva, una organización de 10 que nos permitió disfrutar de una jornada estupenda.

miércoles, 9 de abril de 2014

CORRER O MORIR

Hago mía esta frase, y nótese que no va entre interrogantes, del archiconocido Kilian Jornet por los sucesos acontecidos durante este fin de semana. Esta entrada no pretende ser una mera crónica como en ocasiones anteriores, sino una reflexión, o un llamamiento al debate. Pero antes de nada, voy a poneros en antecedentes, ya que os estaréis preguntando de qué diantres estoy hablando.

Este domingo 6 de Abril era una fecha especial, pues tenía lugar la tercera edición de la Costa Quebrada, y se cumplía exactamente un año desde que me iniciaba en esto del trail running. Me había preparado a conciencia, y tenía ganas de hacerlo bien. La Costa Quebrada es una carrera de esas que se marcan en rojo en el calendario. En mi opinión es la prueba reina de la media distancia en cuanto a asistencia popular y calidad de la organización. 21 kilómetros y 1.500 metros de desnivel acumulado que combinan costa y montaña, en un entorno espectacular.

El sábado ya había hecho un día estupendo, y las previsiones decían que el domingo iba a hacer más calor aún, así que siendo precavido, preparé la Camelbak y la ponchera, llevando conmigo 2 litros y medio de agua. A las 10:30 de la mañana 750 personas tomábamos la salida bajo un sol amenazador y comenzábamos a trotar por las calles de Liencres poniendo rumbo a la playa de San Juan de la Canal, Portio, Covachos…

Los primeros compases se desarrollaron bien, me sentía invencible, pero allá por el kilómetro 6 me comenzó a faltar fuelle y la gente me adelantaba sin compasión. El calor hacía mella en mí, bajaba del Olimpo de los corredores haciéndome vulnerable. El dios Cronos se burlaba a cada zancada, a cada kilómetro, castigándome en cada segundo. David me adelantaba y me decía de abandonar, a lo que yo contestaba “Tira, tira, que yo acabo como sea”.

 Subiendo La Picota

Veía la otra cara de las carreras, la de la gente que va a remolque, contando anécdotas y sufriendo sin parar hasta que cruza la línea de meta. Y vaya si la crucé, casi 3 horas más tarde. Y encima me esperaba una reprimenda con frases como: “¿Si te encontrabas mal porqué no has abandonado?” o “Eres un insensato” entre otras.

Llegó el lunes y en el trabajo un compañero me preguntaba y yo le contaba lo mal que me había ido, y al rato me dice:
-          Ya llevas unas cuantas este año, no?
-          Pues 3, bueno, la de ayer casi que no cuenta, así que 2.
-          Cómo que no cuenta? Cuenta, y la que más. Abandonar es muy fácil, y hay que estar ahí sufriendo para terminar.

Eso creía yo, y por eso seguí hasta el final, en el deporte, como en la vida, hay que alcanzar tus metas, y no abandonar a las primeras de cambio, por eso seguí como si me fuera la vida en ello. Y ahora si que va con interrogantes, vosotros qué opináis, ¿CORRER O MORIR?

Agradecimiento especial a imerino, que estaba en los puntos críticos para dar ánimos, y ya de paso, hacer un reportaje fotográfico de categoría.
La d y la m te desean una pronta recuperación.

Camino a Mortera

domingo, 30 de marzo de 2014

TRAIL CASTILLO PEDROSO

Había pasado casi un mes desde la Marcha Solidaria del Norte, y el mal sabor de boca que me dejó hacía que cogiera con ganas este nuevo envite. Durante toda la semana habíamos tenido buen tiempo pero las abundantes lluvias del viernes y sábado auguraban dificultades en el recorrido.
La carrera comenzaba a las 11:30 de la mañana, así que salí de casa a las 9:30 para llegar sin apuros a Castillo Pedroso, en el valle de Corvera de Toranzo para aparcar, recoger el dorsal y estirar con tiempo. Tras 50 minutos aproximadamente llegué al pueblo, donde aparcar se convirtió en una tarea nada fácil, con calles muy estrechas, y los coches de los más de 700 inscritos. Tras un rato pude dejarlo medianamente bien, me reuní con David, quien ya había recogido los dorsales y camisetas conmemorativas, y esperamos en el coche debido al frío. El termómetro marcaba 4,5 Cº.

Poco antes del inicio comenzamos a calentar hasta que por megafonía anunciaron el comienzo de la prueba. Unas 300 personas esperábamos impacientes el pistoletazo de salida, y a las 11:29 salimos en estampida, con 23 kilómetros por delante. Los primeros compases se desarrollaron por las calles del pueblo, cogiendo ritmo y temperatura. Pero pronto lo dejamos atrás para entrar en una pista de tierra y piedras, que al poco se convirtió en un auténtico barrizal. En total unos 3 kilómetros de ascenso no muy pronunciado, que daban paso a una bajada de la misma distancia, que caracoleaba por una pista de hormigón. Ahí marqué mis mejores parciales, bajando incluso de los 4:30 el kilómetro.

Perfil de la prueba, altitud máxima 701 m.

A partir de ese momento y tras llanear durante un rato, comenzaba un duro ascenso, con un merecido avituallamiento en alto, perfecto para reponer líquidos y tomarse un ligero respiro.
Tocaba afrontar ahora una parte dura, con continuas subidas y bajadas, muy rompe piernas, y además con el barro y frío como protagonistas. Recuerdo una granizada hacia el kilómetro 9 que me hizo pensar en lo complicado que se podía poner hasta el final.
Pero eso no era todo, soplaba un fuerte viento gélido que hacía que cada zancada costara aún más, así que me vi obligado a parapetarme tras un grupeto para apaciguar en la medida de lo posible las inclemencias del clima.

Todo ello entraba dentro de lo previsible, pero no estaba preparado para lo que venía a continuación. En el segundo avituallamiento en el kilómetro 13 no quedaba agua, así que continué bastante cabreado. Al efecto físico de no contar con la hidratación adecuada había que sumar el efecto mental de intuir que en el tercer avituallamiento tampoco iba a quedar agua. Así que los 6 kilómetros que los separaban no pude disfrutar de la carrera y comencé a sufrir.
Tras cubrir la distancia necesaria, en una larga recta divisaba a lo lejos el último avituallamiento, pero la gente que iba por delante no se detenía apenas, y mis peores sospechas comenzaban a coger forma. Efectivamente, tampoco quedaba agua. Pasé de largo para afrontar los últimos 4 kilómetros, por un asfalto que se hizo eterno y con un sol que se asomaba tímidamente.

Finalmente pude cruzar la línea de meta en 2 horas y 27 minutos, y parar a estirar y tomarme una triste coca cola porque claro, allí tampoco quedaba agua…


 Recorrido por Corvera de Toranzo, en la cuenca del Pas



miércoles, 26 de febrero de 2014

MARCHA SOLIDARIA DEL NORTE

Hará cosa de un mes a mi mujer se le ocurrió la idea de hacer un blog, para comentar acerca de viajes, recetas, restaurantes, o cualquier otro asunto digno de mención. A pesar de su entusiasmo inicial, yo, conociendo su dejadez, y estando cercano el evento que vamos a tratar, sabía que sería quien realizara la primera entrada. Así que lectores habituales, futuros lectores, lectores casuales, o simplemente lectores, sírvanse de este breve párrafo como introducción y/o presentación.
Y vamos sin más dilación al tema principal LA 2ª MARCHA SOLIDARIA DEL NORTE.

El pasado sábado 15 de febrero tuvo lugar en la localidad cántabra de Trasierra la segunda marcha solidaria del norte, en un recorrido circular de unos 24 kilómetros aproximadamente. Se trataba de una distancia “agradable” para ser la primera carrera de la temporada y por ello decidimos apuntarnos.
La prueba comenzaba a las 11 de la mañana, pero por el desconocimiento de la zona, y sabiendo que el pueblo era pequeño, nos personamos allí con la antelación suficiente para poder aparcar el coche cómodamente, recoger los dorsales y calentar pertinentemente.
Tras pasar todas las bicis y los pocos valientes de la combinada me lancé a correr, y mi mujer junto a una amiga hicieron el recorrido como andarinas. Comencé a un ritmo demasiado fuerte para mi gusto, y es que siempre me sucede lo mismo, empezando demasiado rápido y teniendo que disminuir a medida que pasa la prueba, para finalmente terminar agonizando.

Aquí os dejo un perfil de la prueba sacado de mi GPS, pues desde la organización no lo facilitaban…



Acabé con cierta desilusión, pues el trazado discurría en su mayor parte por asfalto, hablo de unos 18 km en una prueba de 24, lo que conlleva desgaste de los tacos, mis rodillas, y un dolor en el lateral de la pierna durante los últimos 3 kilómetros. Además, los avituallamientos no estaban ubicados en los puntos que se indicaban en el reglamento, y la gente, que porqué no decirlo, es muy cerda, tiraba las botellas, latas, envoltorios, etc. más allá de los 50 metros designados para depositarlos, motivo de descalificación en cualquier prueba con una organización decente. Al parecer yo cargué con 3 litros de agua en mi mochila para nada, pues el tiempo que puedo ahorrar al no parar en los puntos de avituallamiento sirvieron de poco visto lo visto.
Al finalizar la carrera, acudí a las duchas, otra decepción. En la prueba había inscritas unas 1.137 personas, sino recuerdo mal. Pues bien, un habitáculo con 3 duchas para la población masculina de esas 1.137 personas es más bien pobre y tirando a ridículo.

Pero no todo es negativo, tras la ducha reconfortante, me sirvieron un plato de pasta que devoré como si fuera un manjar, y en lo personal, destacar que pude batir el objetivo que me había marcado.

Dos horas estuve esperando con un amigo, que por dificultades técnicas con la bici no pudo terminar la combinada a que aparecieran mi mujer y su amiga por la meta. Llegaron con gran cansancio, pero también con mucha satisfacción acudiendo a por su merecido plato de pasta. Hay fotos que lo atestiguan, pero os tendréis que conformar con mi paso por la playa de Cóbreces, uno de los puntos más bonitos del día.